¡Mi Voz! es un concurso literario ABIERTO Y GRATUITO para la personas que NUNCA hayan publicado sus escritos y que NO sean escritores profesionales. Envíe ya mismo su HISTORIA DE LA VIDA REAL, propia o de otra persona, que más les haya impactado en su vida, con posibilidades de ganar un premio en efectivo y la publicación gratuita de la misma. Escritor invitadoWalther Llanos Roldán (1943 -), –quien firma sus obras como, J. W. Roldán, comenzó a escribir desde niño por propia satisfacción; en su edad adulta está dedicado de tiempo completo a la profesión de escritor. Nació en Colombia. Tiene una larga trayectoria profesional como ingeniero civil en el campo de la construcción. Actualmente, es ciudadano canadiense y reside en Toronto. De gran sensibilidad; por lo tanto, el comportamiento humano es tema recurrente en sus obras. Ha escrito varias novelas de ficción y cuentos cortos, entre otros: La pianista de las manos tristes, El Albino, El judío de los zapatos, largos, La Negrita del Batey. La Médula del Amor. Mi primer beso apasionado Historia de la Vida Real Por: J. W. Roldán Marzo 20, 2009 Tenía una figura femenina en formación con sus diez años de edad; sin embargo, ya anunciaba la belleza y sinuosidades que harían de ella una mujer famosa en el mundo pornográfico. Su boca era carnosa como la de la actriz francesa, Brigitte Bardot, y tan rubia y menuda como ella. He querido utilizar con descuido la anterior clasificación, para indicar que la chica que hoy recuerdo que me dio el primer beso apasionado en mis años de niño, se convirtió en su edad adulta en una ‘Conejita’ de “Playboy” –la famosa revista estadounidense de desnudos. Solíamos la futura conejita y yo aprender a montar en bicicleta, después de habernos antes dado unos cuantos golpes en el intento. Con algunos escasos ahorros, la alquilaba yo para que ella me sostuviese sujetando el galápago desde atrás, y no fuera a pasar por encima de alguna piedra en el camino; sin embargo, parecía que los obstáculos más grandes tenían magnetismo, ya que siempre atraían mi llanta delantera y pasaba por encima de ellos, haciéndome perder el equilibrio indefectiblemente y caer cuan largo era en el suelo. Igual sucedía cuando a la bella le correspondía su turno. Terminábamos los dos revolcándonos en el césped, más por las incontenibles carcajadas que la situación nos proporcionaba, que por el golpe mismo. Era mi vecina en la casa de una tía materna que yo solía visitar en época de vacaciones escolares, tiempo que yo anhelaba que llegase sólo por ver mi compañera de aprendizaje y compartir con ella los intentos de montar en bicicleta sin caernos. Pasaron varias temporadas de vacaciones y finalmente logramos dominar al potro de acero y ya jamás nos hizo morder el polvo a ninguno de los dos, de allí en adelante. Mas, un día –quizá el último en que la vi, decidimos ir a entregar la bicicleta de alquiler; sin embargo, al regresar a casa, ella me invitó a que entrara a la suya a tomar una limonada. Al momento de cruzar el umbral, me tomó de mis manos con suavidad, las acarició y las besó con ternura. Enseguida, me estampó un beso prolongado en la boca, de la manera como los chicos nos besamos (con los labios apretados) cuando nos falta la experiencia en esos menesteres y que la vamos acumulando con el paso de los años. Fue un beso apasionado (si se puede hablar de ese sentimiento a una edad tan incipiente), sin que nuestras lenguas se buscaran con avidez. No puedo recordar cuántos eternos segundos duró, pero sí sé que nunca más lo pude olvidar. Pasaron los años viajeros sobre el Tiempo que no para a esperar a nadie ni a nada, y ella se convirtió en la célebre modelo de la página central de la no menos famosa revista “Playboy”. Algún día, un amigo me dijo que ella se había marchado a los Estados Unidos, huyendo de su pobreza galopante, y que había logrado triunfar, desvistiéndose, mostrando su escultural cuerpo y hermosa cara a los ilusos soñadores por todo el mundo. Además, y como si fuera poco el salto mortal hacia el éxito que había dado, se había casado con el magnate de una de la más rentable marca mundial de ropa exclusiva, siendo aparentemente feliz. Me alegro por ella; pero, su primer beso apasionado, me lo dio a mí: ella me lo confesó ese día. ¡Pobres aquéllos que sólo la pudieron ver en la página central, desnuda, en todo su esplendor pero también en su trono inalcanzable! |
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