ii jj PjPj jj hkhk kk kk @l @l ll l$l 4m0m `m<`m ߅mHm mTm 0n`0n xnlxn nxn jj oH؅o pp `p`p pp pp 8q8q qq qq rr ߅XrXr rr rr 0s 0s xs,xs s8Xڅs tDt PtPPt t\t tht (ut܅(u pupu uu vv HvHv vޅv vv w w hwhw ww ߅ww @x@x xgمxg pzpz zz {({ ؅{؅{ p\p\ ȔޅȔ XaoXa@}Do@} }ho} ~o~ p҆op҆ (ӆ( `Ԇ Նޅ 8PՆ8 h |ֆh  ׆ H׆H 5Xن5 9ن؅9 <0چ< hVpAچpA `ޅHۆ(څH K(܆K P܆@2@= >? @p@@@AXA pAA BBBBBPC`CCC D0DDDDEXEhEEExWxX߂߂efHfff ggg@hhhi`iii jhj8kkklXlll0mxmmnHnnjjo0pxppqPqqq(rprrsHs mi profesor de literatura en el bachillerato.  Don Luis Eduardo era un hombre de baja estatura, de cintura redonda repleta de pasividad, aunque no podra aseverar que era gordo del todo.  Su tez era un poco cobriza, de cejas muy pobladas, y con unos anteojos gruesos de montura caf.  Siempre conservaba sus mangas de la camisa remangadas hasta la mitad de sus brazos, lo que le permitan mostrar sus largos vellos negros y largos y su fortaleza muscular. Tena unas manos muy bien cuidadas y sus uas permanecan siempre bien cortadas. Usaba una impecable camisa blanca de cuello y una eterna corbata de color morado oscuro, que nunca recuerdo haberle visto que se la hubiese cambiado durante el tiempo en que nos dict clase. 

Se me quedaron grabadas en mi mente dos situaciones respecto a l, muy definidas, como para pretender olvidarlas: viva enfrente de la puerta principal de entrada a mi colegio y era el padre de cuatro encantadores retoos, a cual ms de bella y bien conformada.  Tengo que incluir aqu a su esposa, digna dama que pareca un poco distante en el trato, pero que, al entablar conversacin con ella, era un encanto de mujer.

Nuestro inolvidable profesor de literatura, era un hombre realmente humilde y de una bondad que nos haca olvidar las dificultades que la conjugacin de los verbos y las confusas reglas de ortografa acompaan al castellano bella lengua heredada de la ibrica Espaa.  Para mi fortuna, logr asimilar con rapidez todas sus enseanzas y las pocas correcciones que mi profesor tuvo que hacerme, de tal manera, que an recuerdo con nitidez, las palabras que yo sola escribir mal y que apenas fui corregido por el paciente don Luis Eduardo, no volv a repetir esos errores.  Vendran otros nuevos, como suele suceder en nuestras actividades diarias de la vida.

 

Don Luis Eduardo tena una estilogrfica Parker 51, de color verde claro, con tapa baada en oro.  La cuidaba ms que a sus hijas y a su esposa, juntas.  De all, que mis compaeros de clase  y yo chicos que gozbamos con muy poco nos turnbamos para solicitar a nuestro querido profesor que nos prestara su pluma estilogrfica con cualquier disculpa inventada.

 

Ms fcil es que le prest mi mujer, jovencito, sola contestarnos con rapidez y mucha jocosidad.

 

            Todos gozbamos de lo lindo, (incluyndole a l) con esa frase repetida durante todo el ao.  Claro que nunca se atrevi a decir lo mismo acerca de sus hijas: Ms fcil es que le preste una de mis hijas, jovencito, puesto que alguno de nosotros no se hubiera graduado, por la carga que hubiera tenido que sobrellevar, siendo tan joven, al haber sido el padre de una rozagante criatura, y teniendo de suegro al buen maestro de literatura.  De verdad, que hay algunos profesores que nunca pude olvidar: gracias, don Luis Eduardo!

 

 

 

 

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