¡Mi Voz! es un concurso literario ABIERTO Y GRATUITO para la personas que NUNCA hayan publicado sus escritos y que NO sean escritores profesionales.

Envíe ya mismo su HISTORIA DE LA VIDA REAL, propia o de otra persona, que más les haya impactado en su vida, con posibilidades de ganar un premio en efectivo y la publicación gratuita de la misma.


Escritor invitado

Walther Llanos Roldán (1943 -), –quien firma sus obras como, J. W. Roldán, comenzó a escribir desde niño por propia satisfacción; en su edad adulta está dedicado de tiempo completo a la profesión de escritor. Nació en Colombia. Tiene una larga trayectoria profesional como ingeniero civil en el campo de la construcción. Actualmente, es ciudadano canadiense y reside en Toronto.

De gran sensibilidad; por lo tanto, el comportamiento humano es tema recurrente en sus obras. Ha escrito varias novelas de ficción y cuentos cortos, entre otros: La pianista de las manos tristes, El Albino, El judío de los zapatos, largos, La Negrita del Batey. La Médula del Amor.


La vasectomía

Viajaba por avión, en la ruta Ciudad de Guatemala-San Francisco de California hace ya algunos años, y tuve de acompañante a mi lado a una persona muy comunicativa y simpática, –como solemos ser los latinoamericanos en general. El hombre iba muy bien trajeado, era corto de estatura, tenía facciones indígenas, cejas pobladas (muy negras, por cierto), ojos rasgados, nariz ensanchada y unos labios bastante protuberantes. El color de su piel, era cobrizo, y su cabellera muy abundante, y del mismo color que sus cejas; pero la forma de su cabello tenía la peculiaridad de parecer un cepillo de cerdas gruesas. Charla va, charla viene durante el trayecto. Un par de whiskies amenizaron la conversación hasta lograr quitar el velo de la desconfianza que usan dos personas completamente desconocidas por primera vez, cuando se está uno frente al otro. A la tercera copa de licor, el pasajero sacó de su trajinada billetera una fotografía arrugada de un niño de unos doce años de edad. Se veía muy inteligente y activo. Comenzó por preguntarme primero que a quién se parecía el chico. Sin temor a equivocarme, le respondí que era su misma cara y que esa fotografía podría ser la de él mismo, a esa edad. Soltó varias carcajadas, mientras acariciaba nerviosamente el vaso y le recortaba algunos pedazos húmedos a la servilleta de papel que lo envolvía. Llamó a la azafata y le ordenó otra tanda de lo mismo, junto con un par de bolsas de maní. Yo, –mientras tanto, me quedé en silencio porque no encontré nada más qué agregar a su comentario acerca del personaje de la fotografía. Saboreó la nueva bebida, que había llegado doble, de acuerdo a sus instrucciones a la azafata. Y comenzó su extraña y lamentable historia:

«Me llamo Juan y soy un famoso locutor de radio en San Francisco. Vivo allí desde que era muy niño y ésta es la primera vez que vengo a mi tierra de nacimiento. Ya no encontré muchos parientes vivos, sino tan sólo un par de primos hermanos y sus padres, ya ancianos. Poco fue lo que pude intercambiar con ellos, puesto que les vi muy atrasados culturalmente y nada más pude hacer por romper esa situación. Estoy atravesando uno de los peores momentos sentimentales de mi vida, ya que me separé de mi esposa ‘gringa’, hace ya dos años. Estamos aún en esa etapa incómoda e hiriente de definir lo que a cada uno le va a corresponder de nuestros haberes; sin embargo, hay algo en lo que no nos hemos podido poner de acuerdo y es en que ella reconozca que ese hijo de la fotografía no es mío sino de una relación extramarital que ella tuvo con mi jefe, quien, por pura coincidencia es también guatemalteco».

 Le interrumpí, diciéndole que me disculpara pero que me parecía completamente imposible que él no fuese el padre del chico de la fotografía, porque era como si se estuviese mirando él mismo su propia cara en un espejo retrovisor, enfocado en el tiempo. Nuevamente, más carcajadas y más sorbos de licor refrescaron su garganta, –ya reseca de tanto hablar.

Reanudó su peculiar historia, manifestándome que tampoco el juez al que le había correspondido su caso en San Francisco, creía que él no fuese el verdadero padre del producto de esa unión conyugal, en otras épocas más felices que ahora. La ira y la impotencia de su mujer era incontrolable, me manifestó. Pues bien. Y aquí viene lo peor del cuento. Resulta que el irresponsable padre había viajado precisamente a la Ciudad de Guatemala a comprar un certificado que demostrase al juez de marras, que le habían practicado la vasectomía catorce años atrás en su ciudad de nacimiento; por supuesto, se la había hecho efectivamente en este viaje actual, por si acaso le obligaban a presentar una prueba física de cualquier indicio que la confirmara.

No supe quién actuaba en esta historia de la vida real, con más deshonestidad: si el médico que le expidió el fraudulento documento, o el funcionario consular de la Embajada de los Estados Unidos que le autenticó (a sabiendas, según el locuaz pasajero me lo confirmó) todos los documentos pertinentes, o el descoraormal" style="text-align:justify;text-indent:36.0pt;line-height:@ABCDEFGHIJKLMNOPQRSTUVWXYZ[\]^_`ABCDEFGHIJKLMNOPQRSTUVWXYZ{|}~a –para mí- incómodo pasajero a mi lado, desapareció para siemAAAAAA\CEEEEIIIIDNOOOOOרUUUUYÞSAAAAAA\CEEEEIIIIDNOOOOO÷ØUUUUYÞYlase económica, ya que sentía que en la de ‘primera clase’ en que estaba sentado, todo apestaba a mi alrededor.?@abcdefghijklmnopqrstuvwxyz[\]^_`abcdefghijklmnopqrstuvwxyz{|}~€‚ƒ„…†‡ˆ‰Š‹ŒŽ‘’“”•–—˜™š›œžŸ ¡¢£¤¥¦§¨©ª«¬­®¯°±²³´µ¶·¸¹º»¼½¾¿àáâãäåæçèéêëìíîïðñòóôõö×øùúûüýþßàáâãäåæçèéêëìíîïðñòóôõö÷øùúûüýþÿ" height="24" align="center">

web tracker