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Escritor invitado

Walther Llanos Roldán (1943 -) comenzó a escribir desde niño por propia satisfacción; en su edad adulta está dedicado de tiempo completo a la profesión de escritor. Nació en Colombia. Tiene una larga trayectoria profesional como ingeniero civil en el campo de la construcción. Actualmente, es ciudadano canadiense y reside en Toronto.

De gran sensibilidad; por lo tanto, el comportamiento humano es tema recurrente en sus obras. Ha escrito varias novelas de ficción y cuentos cortos.


MI VOZ

El Parque de las Palomas Dormidas

Por: Walther Llanos Roldán

Dedicado a mi inolvidable amigo Jaime Rada Victoria

 

¡Ay, quién pudiera contrariar la suerte!

¡Ser flor y perfumar toda la vida,

ser pájaro y trinar hasta la muerte!

Julio Flórez

  

El Parque de las Palomas Dormidas”, –fue una jocosa frase que por primera vez oí en boca de mi inolvidable amigo Jaime. Hay un eufemismo colombiano para darle un nombre más, –entre los cientos que hay, para definir el pene del hombre; ¡La paloma! —«No te toques la paloma» —me aconsejaba mi madre en mis primeros años de vida. ¿Habría un ejercicio más placentero y gratuito, totalmente a la mano, que ése? Además, por supuesto, que existirían muchos más, como el de chupar la punta de un trapo sucio, como solía hacerlo mi hija.

 

Pasaron muchos años antes que me diera cuenta del valor de su amistad. Se necesita tiempo, para madurar y sopesar una relación, pero principalmente es en la tragedia donde más se le da el verdadero sentido a la vida. Lo peor del caso es que todos, absolutamente todos los humanos, debemos pasar por esa etapa, si decidimos vivir largo. Por estadísticas, es probable que al cruzar el umbral de los 75 años de edad, indica que estamos entrando al campo minado de la ausencia de recuerdos próximos y comenzamos a ejercitar  la mente para que lleguen los más lejanos, en completo desorden cronológico.

 

Me llamó mucho la atención qué le debe pasar a la mente de una persona en esa edad, que no puede coordinar o sostener más que unos segundos ese pasado que se le escapa de las manos, como agua entre los dedos. Y de allí que se me ocurre creer que aquella explicación que he intentado usar a manera de metáfora, –la del carrusel de fotografías, tomadas al azar, resulta conveniente para pretender entender el juego de la mente en esos años miserables. La vejez es un proceso denigrante. No me importa que oiga decir a muchas personas que los años que uno tiene, son los que están en el pensamiento actual de enfrentar la vida tal como es y no en el deterioro del cuerpo. ¡Qué va! Nadie se escapa de ese desgaste y tarde o temprano pasaremos por el mismo proceso de Jaime. Llamémosle: demencia senil, Alzheimer, Tourette, Esclerosis Múltiple o cualquier otro nombre extraño y complicado de recordar, la vejez es de una sola clase. Y hace pensar en el libre albedrío que tenemos los humanos de decirle adiós a este mundo apenas creamos que ya no nos interesa ni podamos caber allí. Por eso, la eutanasia aplicada con respeto y sabiduría de encontrar el momento preciso para hacer uso de ella a nuestra voluntad, sería la mejor solución para evitar ver el desbaratamiento irremediable e inevitable de las personas amadas frente a nuestros ojos.

 

Toronto, octubre 28, 2008

 

Mi Voz: Una Voz… para quienes no tienen Voz

 

www.mivoz.ca

 

 

 

 

 

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